El problema
Pagas por que un desconocido vea tu cara, y si ese mes no pagas, no te ve nadie. Cada año cuesta más caro lo mismo, y encima el que llega no sabe quién eres: rellenó un formulario porque le apareció algo gratis.
Mientras tanto, la gente que ya paga por lo que tú vendes está a la vista. Sigue a tu competencia. Comenta sus publicaciones. Ha demostrado el interés que un anuncio intenta adivinar, y no cuesta un euro llegar hasta ella.
Esto no compite con tus anuncios. Va por debajo de ellos, a por la gente que ya levantó la mano en casa de otro.
Qué hacemos
De cada cuenta que nos des, su audiencia real: quién la sigue, quién comenta, y a quién le sugiere Instagram parecido. No una muestra: la lista.
El grueso no te sirve y escribirle solo te quema. Se filtra por lo que dice su perfil, su actividad y su tamaño, y se tira lo que no encaja contigo.
Mensajes distintos según a quién se escribe, con ritmo humano y en pequeñas tandas. Nada de copiar y pegar a mil personas el mismo martes.
En cuanto alguien responde te llega el aviso con la conversación entera. A partir de ahí hablas tú, que es donde tú eres bueno.
La diferencia
Los mensajes no salen de tu perfil. Salen de cuentas nuestras, montadas para esto, con sus propios números y sus propias conexiones.
Eso importa más de lo que parece. Escribir en frío desde tu cuenta buena es jugarte los seguidores que te ha costado años reunir, y a la primera oleada de reportes te la limitan. Si aquí se quema una cuenta, se quema la nuestra: se repone y la campaña sigue. Tú no te enteras.
Y no se compra ninguna lista. Los perfiles salen de mirar quién sigue a quién, uno por uno, en el momento. Por eso están vivos: nadie te vende una base de hace dos años con la mitad de las cuentas cerradas.
Cómo va
Tu competencia directa, o cuentas cuyo público es el que tú quieres. Y nos dices a quién sí y a quién no quieres escribir.
Empieza a caer gente desde el primer día. La lista no se agota: mientras esas cuentas crezcan, sigue entrando gente nueva.
De cada diez perfiles, la mayoría se cae aquí. Es la parte que hace que los mensajes funcionen y que las cuentas duren.
Pocos al día por cuenta y subiendo poco a poco. Es la única forma de que esto siga funcionando dentro de tres meses.
El aviso con la conversación, para que entres cuando todavía está caliente.
Precio
Montar las cuentas con sus conexiones, sacar y filtrar la audiencia de tu competencia, y escribir los mensajes de tu oferta. Se paga una vez.
Operarla: los envíos diarios, reponer las cuentas que caen, las respuestas y los ajustes del mensaje. Sin permanencia, aviso de treinta días.
Mejor aquí que en la llamada.
Lo que siempre preguntan
La tuya no, porque no la usamos. Las nuestras sí se limitan de vez en cuando: es parte del oficio y por eso se reponen sin que la campaña pare. Ese riesgo está dentro del precio y lo asumimos nosotros.
Puedes. Necesitas cuentas, conexiones propias para cada una, sacar la audiencia sin que te corten, filtrarla, escribir con ritmo humano y reponer lo que se cae. Cada pieza por separado es fácil; que aguanten juntas tres meses seguidos es el trabajo.
A gente que se muestra públicamente interesada en lo que tú haces, en su faceta profesional. De una en una, nunca en envíos masivos. Al que dice que no se le deja en paz y no vuelve a entrar en ninguna lista.
Las primeras conversaciones suelen aparecer en la segunda o tercera semana, cuando las cuentas ya están calientes. Antes de eso hay movimiento, pero todavía no es representativo de nada.
Con eso te digo cuánta gente hay ahí detrás y cuántos encajan contigo de verdad, antes de que pagues nada. Si el número es pequeño, te lo digo y no seguimos.
Escríbeme y lo miramos
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